No lo quieres admitir o aceptar y lo niegas o lo disimulas de mil maneras pero, cuando te encuentras solo y nadie te ve, te derrumbas y te desahogas. Y aprovechas ese desahogo para coger fuerzas de nuevo y poder seguir disimulando.
Y como no hay mal que cien años dure te agarras a la esperanza de que todo pasará, que volverá a salir el sol. Y eso está muy bien pero nadie te cuenta que, hasta que salga ese sol tan necesitado, tienes que seguir día a día.
Menos mal que estoy rodeado de una familia espectacular y una mujer increíble.
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