sábado, 14 de noviembre de 2015

Ocho meses



Sí, has leído bien, ocho meses.

Parece que fue ayer cuando nos tomamos ese “último café” y al mismo tiempo parece que llevamos años juntos. Ni en mis mejores sueños imaginé que alguien tan especial como tú se pudiera enamorar de mí. Y sí, es verdad que no son los besos sino quien los da, no es el mensaje sino quien lo envía, no es la canción sino a quien te recuerda. Pero me quedo con los suspiros y los abrazos que demuestran algo que no se pueden explicar ni con esos besos, ni con esos mensajes ni con esas canciones. Y es que a veces un silencio o una mirada dicen más que unas palabras. Te hablo de un sentimiento tan grande que será eterno, un sentimiento que ni en nuestros malos momentos bajará de intensidad. A tu lado soy el caballero capaz de conquistar castillos, batir ejércitos o derrotar imperios. Tú eres mi armadura a la que ninguna flecha puede atravesar, y yo quiero ser tu escudo capaz de detener las llamas de cualquier dragón enfurecido. Poco a poco estamos construyendo nuestra fortaleza, a la que hemos dejado la puerta abierta para todo el que quiera ser partícipe del amor que desprendemos, y cuya bandera no tiene una flor de lis, sino seis, y ondea en la torre más alta.


Te quiero mi dama.